KONSTELAZIOAK
BilbaoArte. Del 26 de Junio al 19 de Septiembre de 2003. Bilbao.

Eulália Valldosera (Vilafranca del Penedès, 1963) es probablemente la artista española más destacada y con mayor proyección internacional de su generación. Prestigió que el año pasado destacó la Generalitat de Catalunya al otorgarle el Premi Nacional d'Arts Plàstiques 2002. Conocida por sus instalaciones, en las que trabaja esculpiendo con luces y sombras, reflejos y movimiento, su obra se desarrolla en el terreno de lo fenomenológico y aspira a un entendimiento comprensivo de la naturaleza humana reevaluada desde las perspectivas feministas. Valldosera utiliza su cuerpo como punto de partida para su arte como respuesta a la posición del objeto como parte de la economía de mercado, así, la artista ha creado un universo constituido por fragmentos o momentos relacionados con lo onírico y centrados en el cuerpo femenino, la intimidad de lo doméstico y los objetos y los espacios cotidianos que dibujan esa intimidad. El cuerpo femenino ocupa una posición central en su obra dotándolo de significados específicos, como objeto de belleza, reproductor, contaminante y decadente. Valldosera cree que, particularmente en Europa, hay un tabú rodeando esa corporeidad, el tabú de la carne, el sexo, la enfermedad y la muerte.
En Bilbao Arte presenta en absoluta primicia "Constelaciones" una nueva línea de trabajo que tras su magnifica retrospectiva en 2001 Eulàlia Valldosera. Obres 1990-2000, Fundació Antoni Tàpies, Barcelona, da un nuevo giro en sus investigaciones en el terreno de los elementos sicológicos que articulan y configuran individu@s y sociedades. En esta nueva etapa se ha centrado en los relatos arquetípicos que se utilizan en las terapias para abordar una misma acción desde diferentes puntos de vista y sustraer siguiendo esta metodología significados ocultos en estos procesos. Estas operaciones "inconscientes" que funcionan en el imaginario colectivo han sido diseccionadas, tratadas y revisadas para volver a ser narradas con lenguajes artísticos desde el punto de vista del sujeto femenino y aportar nuevos conocimientos sobre la cultura, el deseo, las emociones y los demás elementos que conforman nuestra cotidianeidad. El resultado son varias piezas, cajas de luz, videos, proyecciones, etc... que a modo de mediadoras convierten la sala de exposiciones en un recorrido intimista que enfrenta a la audiencia con los relatos e ideas que se suelen tener asumidos como dogmas de fe. De esta forma se abren nuevas puertas para descubrir o revisitar temores, anhelos, sospechas, etc... que habitualmente guardamos bajo llave y para contemplar, también desde una perspectiva privilegiada y generalista cómo funcionan los relatos arquetípicos en los que nos movemos.
Xabier Arakistain. Comisario de la exposición.
CONSTELACIONES*
Basado en un método terapéutico grupal que lleva el mismo nombre, este trabajo aborda el manejo de la información y los diversos niveles narrativos que contienen unos mismos hechos. En este trabajo, la artista documenta, descompone, desmiembra y vuelve a recomponer diversas sesiones practicadas en la intimidad de un grupo de personas anónimas.
Partiendo de un material documental -la grabación de las sesiones terapéuticas- , la autora sustrae, contrae o expande la información audiovisual, para luego mostrarnos simultáneamente esos diversos niveles que discurren a modo de capas superpuestas que conforman un mismo hecho. Así el comportamiento humano puede ser leído como una acumulación de esas capas, algunas de ellas fuera de su control consciente, así como se expanden más allá del propio individuo impregnando a su grupo. Por otro lado este trabajo responde al medio informático, que elabora la información desmenuzando y separando cada una de las intenciones del manipulador de la información mediante la separación por capas de cada una de las operaciones destinadas a manipular la imagen, el texto o el audio presentes en cualquier obra audiovisual.
La artista considera las sesiones terapéuticas como pequeñas obras en sí mismas, que nacen a partir de la reunión de una serie de individuos anónimos, desconocidos entre ellos, los cuales, de la mano de un guía conocedor de la técnica, aceptan someterse a las leyes de esta práctica. Este método se basa en la concepción del individuo como una antena receptora de fuerzas extra personales que subyacen a nuestros comportamientos.
Las constelaciones pretenden un saneamiento afectivo de la persona pasando por una mejor compresión de las propias pautas de infelicidad por lo que respecta mayormente a las cuestiones de naturaleza relacional. Consideran el sistema familiar, actual o de origen, como dispositivo central del destino individual.
La metodología de una sesión es la siguiente. La persona -aquí llamada cliente- que desea sintonizar con una problemática particular de su vida, ejerce temporalmente de director de escena. Previo intercambio de información con el guía o terapeuta, éste le propone cuales van a ser las personas, mayormente miembros de su sistema familiar, que van a formar parte de la constelación. De entre los asistentes, el cliente escoge de forma intuitiva a representantes para cada uno de estos roles, así como un representante para sí mismo.
Después se le pide que los ubique en el espacio, y los direccione entre ellos, virtualmente dibujando una red emotiva que los une. El cliente pasa a ser espectador de su constelación. Inmediatamente, las personas colocadas, las cuales se desconocen entre ellas, y apenas tienen información sobre los roles que están representando, empiezan a percibir impulsos, emociones y pensamientos idénticos a los de las personas que encarnan. Los representantes se dejan llevar, y una corriente de energía empieza a circular entre ellos. Se desencadenan movimientos, gestos y palabras que hacen evolucionar la constelación hacia un cierto orden. En las escenas subsiguientes los participantes experimentan, en cada nuevo movimiento, una nueva percepción anímica de sí mismos y de la situación que les envuelve.
Una vez aflora el conflicto -un estancamiento o bloqueo de esa energía- que subyace en el sistema, el guía suele proponer una reparación, mediante el gesto o la palabra, que los representantes deben practicar, de modo que el sistema llega a cierto equilibrio. Luego pide al cliente que se sitúe en escena en lugar de su representante, de modo que pueda experimentar la nueva posición dentro del grupo que entrañaría una solución del conflicto.
A manera de obra participativa, una constelación puede ser vivida como un ritual con unas cualidades catárquicas insospechadas. En cada constelación se solapan varios guiones que corresponden a los niveles físico, emocional, analítico y arquetípico. También puede ser comprendida en su carácter escultural, geométrico -los movimientos del alma van creando líneas virtuales en el espacio-, o en el extremo opuesto, a un nivel melodramático, lo que nos acercaría a los populares contenidos de la programación telebasura.
Sin pretender analizar las consecuencias que esta terapia tiene en sus practicantes, este trabajo puede resumirse en una suerte de catálogo de emociones, sentimientos, actitudes e impulsos anímicos que desvelan un cierto orden oculto y universal en todo ser humano. Pone en evidencia la naturaleza energética del ser humano, y su canalización a través de la mirada, el tacto, la ubicación en un espacio y el enfoque direccional de las personas. Es un reflejo fiel de esta dinámica terapéutica, que valora la acción por encima de la reflexión, que funciona a base de reconfigurar los personajes interiorizados por el individuo, restaurando las corrientes amorosas y creativas naturales que circulan entre los componentes de un sistema. Permite interiorizar una nueva imagen de mayor sintonía con el sistema al que se pertenece, contactar con el propio destino y vislumbrar soluciones alternativas. Mientras constela, la persona va abandonando la propia posición respecto al otro, a los otros, posición que ha ido adquiriendo con el tiempo -incluso determinada por el sistema en generaciones anteriores a la actual- debido a la intervención de fuerzas mentales que erróneamente se destinan a evitar la experiencia del dolor, o perpetuan la incapacidad para digerirlo.
© Eulalia Valldosera, 2003.

