GAÜECA, LA PLUMA Y EL PODER
Arco Noticias nº 18, Septiembre de 2000.

Gaüeca es uno de los artistas más excitantes de la nueva hornada. A pesar de su corta carrera artística (sólo lleva 4 años en activo) cuenta con una proyección internacional interesante, es un habitual de los Gramercy International Contemporary Art Fair, de Nueva York o Chicago y en nuestro país, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ya ha comprado obra suya. En ésta, su cuarta, comparecencia en ARCO presentó en su galería Espacio Mínimo, tres obras pertenecientes a su Serie Rosa:
"Mi mesa". Técnica mixta, 1999.
"Brisa Rosa". Cibachrome, 1998.
"Veleta. Pequeña Nítida 510.88." Técnica mixta, 1999.
A menudo, la crítica resalta que la primera impresión al contemplar las obras de la serie rosa se detiene en su impactante estética y nos remite a las distintas concepciones de la idea del glamour. Sin embargo, esta preocupación formal por el esteticismo es, en su caso, un acertado vehículo para proponer contenidos centrados en lo político. En realidad, esta es su verdadera preocupación, el artista convierte iconos estéticos tradicionalmente tildados de frívolos en potentes maquinarias políticas de denuncia social. Su planteamiento reproduce una mirada profunda consciente de que en el arte todo es signo y que los procesos de construcción de los signos ("lo que reemplaza alguna cosa para alguien", como dijera Peirce) son selecciones ideológicas con implicaciones políticas. Lo primero que cuestiona son los significados del signo rosa, un color que como advertía Marjorie Garber (1991) designa lo femenino tan sólo desde los años de la I Guerra Mundial (puesto que antes era precisamente al contrario, el rosa "un color más agresivo" para los chicos y el azul "más etéreo y suave" para las chicas) y las más recientes connotaciones gays del color. Su serie rosa es una crítica sistemática que cuestiona, entre otras cosas, con qué intenciones y cómo se organizan las estructuras sociales y los espacios tanto públicos como privados. Para ello sitúa la mirada desde la posición del sujeto marginado frente a las estructuras de poder a través de un universo personal que extiende a un grupo de referencia ficticio, que finalmente se materializa cuando el o la espectadora se convierte en su cómplice proyectándose en la problemática que muestra. Su pasión y obsesión por el rosa está calculada desde la distancia y la utiliza tanto para testimoniar la OTRA historia, la cultura gay frente al poder patriarcal hegemónico, como para cuestionar los nuevos poderes, nacidos de esta pugna, como el lobby gay, que lo desafían, pero que siguen generando desigualdad. Quizá esta segunda línea en su planteamiento sea aún más novedosa e incisiva y proviene de su discurso sobre el género. Gaüeca denuncia reiteradamente un tipo de misoginia muy explícito, la misoginia gay y convierte la pluma en un acto de rebeldía que celebra la diferencia a través de gestos que desafían a la vez el patriarcado y la comunidad gay masculina. El glamour de Gaüeca proviene de la corrosiva ironía que proyecta a los constructos sociales que pretenden velar su naturaleza manipuladora, proviene de su rebeldía contra el esencialismo, venga de donde venga. Esta visión esta decididamente marcada por las corrientes de pensamiento crítico más contemporáneas, el feminismo y la teoría torcida anglosajona. En "Mi mesa" se destacan los aspectos centrales de esa visión crítica. La mesa camilla que remite a lo doméstico, lo privado, sostiene la tensión entre la pluma y la bola que simboliza el poder en un desconcertante equilibrio que nos devuelve a la idea de la crisis del sujeto contemporáneo. En este sentido, funciona como una especie de autorretrato. La experiencia vital y la identidad se convierten en algo que se sujeta por arte de magia y nos invita a formular preguntas del tipo de en qué nos sustentamos para seguir viviendo, cómo soportamos las presiones de una sociedad en conflicto, cómo se articulan nuestras creencias, qué es y cómo se define el equilibrio... El autorretrato de un ser frágil y fuerte a un mismo tiempo, que ha optado por mostrar lo privado en público en un intento de transformar un contexto social que dista mucho de ser satisfactorio.
Xabier Arakistain. Comisario de Arte.
